Tarjeta roja para Diego – 31 de agosto 2016

Vamos a dejar las cosas en claro desde el comienzo. En esta columna editorial no voy a hablar del Diego Maradona futbolista. Por lejos, fue el más grande jugador que vi en mi vida. Y lo vi muy de cerca porque yo era periodista deportivo en sus momentos de gloria. A ese Diego no tengo nada que reprocharle. Repartía felicidad a las multitudes en los estadios con sus pies alados y su cabeza creativa y mágica. Ese Maradona lo disfruté como quien disfruta a un artista descomunal. Ese Diego que admiré tanto me llevó incluso a ponerle su nombre a lo que más quiero en la vida: a mi hijo. Aquel Maradona no me lo quita nadie. Ni el mismísimo Maradona con ese personaje político nefasto y oportunista en el que se convirtió.
Comprendo que hay excusas. Que nadie de tan abajo llegó tan arriba y que tantas tentaciones y millones de dólares hacen que sea difícil ser Maradona aún para Maradona.
Pero quiero hablar del Maradona ciudadano, de sus contradicciones insólitas, del que vive en Dubai, entre el lujo de los jeques árabes que nadan en petrodólares y su apoyo a regímenes autoritarios que violan los derechos humanos y hambrean a su pueblo como la Cuba castrista y la Venezuela chavista.
Muchas veces me pregunto, ¿cuál es el verdadero Maradona?
El que tiene tatuado al Ché Guevara en su piel o el que en 1978 cuando la selección ganó el mundial juvenil le dijo al genocida de Jorge Videla que “era un orgullo” tener las felicitaciones “de nuestro presidente. Este triunfo es para usted y para todos los argentinos”.
Es verdad que Diego era un pibe y todavía no conocía demasiado el mundo de la democracia. Pero lo cierto es que no recuerdo que se haya autocriticado de aquella efusividad con el jefe de los terroristas de estado.
En realidad, todas las opiniones de Diego estuvieron cargadas de conveniencia y oficialismo permanente. Expresó su apoyo a todos los presidentes que tuvimos. En 1986 con Raúl Alfonsín y después levantando la copa en el balcón de la Casa Rosada, por ejemplo.
Pero su devoción y entrega total la tuvo con Carlos Menem. Hasta en la tapa de El Gráfico salieron juntos después de un partido en el que ambos vistieron la camiseta celeste y blanca. Diego llegó a decir muy suelto de cuerpo: “Si Menem me lo pide acepto ser su compañero de fórmula”. ¿Se imaginan lo que hubiera sido Maradona como vice de Menem? Vade retro. Menem hizo muchas macanas pero esa la gambeteó. Hay cientos de fotos en los archivos de ambos en todas las circunstancias imaginables.
Simultáneamente Maradona ya comenzaba a expresar por su admiración primero por Fidel y luego por el comandante Chávez y nunca se dio por enterado que era como ser hincha de River y de Boca al mismo tiempo. Mientras tanto, disfrutaba del calorcito y de los privilegios que le daba la cercanía al poder. Hay que decir que la cuestión fue un ida y vuelta. Que Maradona usó a los políticos y que los políticos lo usaron a él. Intercambio de servicios, se llama eso.
Diego también expresó públicamente su respaldo electoral a Fernando de la Rua. “El chupete es mi preferido, es un hombre muy creíble” dijo antes de sacarse una foto con la camiseta de Boca y los hijos del ex presidente radical.
Eso no le impidió ponerse la camiseta del equipo de los Kirchner pero también meterles un gol en contra cuando menos lo esperaban. En plena guerra del gobierno contra el campo, en el debate parlamentario por la 125, Diego se despachó con un respaldo inesperado al vicepresidente Julio César Cobos. Después de aquel legendario voto no positivo de madrugada, Maradona lo llamó por teléfono para felicitarlo al igual que Hermes Binner y Juan Schiaretti. Maradona le confesó a Cobos que su voto, el que le asestó una derrota tremenda a Cristina, él lo había “gritado como si hubiera hecho un gol. Lo grité por mi país y por mi bandera. Porque desde el día anterior la gente había dicho basta. Cobos nos enseñó a ser argentinos y si decía que si, el kirchnerismo nos iba a seguir empomando”. Son todas declaraciones textuales tomadas de archivos que cualquiera puede certificar.
¿En qué quedamos, Diego? Apoyaba a los Kirchner pero celebraba el triunfo de lo que los Kirchner habían definido como “la oligarquía golpista”. Otra vez jugando para Boca y River simultáneamente.
El colmo del doble discurso fue con Julio Grondona. Igual que su amigo Víctor Hugo Morales apoyó la estafa propagandística de Fútbol para Todos pero después calificaron a Julio Grondona de mafioso. ¿En qué quedamos? Maradona estuvo en aquel acto al lado de Cristina, Aníbal y el mismo don Julio de siempre?
En el mundial hizo un programa llamado “De Zurda” con el relator del relato y ambos le cobraron fortunas a Telesur el canal chavista mientas el pueblo de Venezuela no tenía ni tiene para comer.
La contradicción y el oportunismo es una constante en Diego. En su vida personal no me quiero meter. Pero su adicción a las drogas le generó un infierno a su vida familiar. El descontrol y la lengua pesada lo llevaron a decir que su ex mujer, Claudia y sus hijas a las que tantas veces dijo adorar, eran unas ladronas y que estaba dispuesto a meterlas presa si no le devolvían su dinero”.
Recién ahora está reconociendo a su hijo después de tantos años de ninguneo. Pero en estos días Diego sacó a relucir toda su furia cristinista y su odio al presidente Macri. Hay un video en el que está rodeado de pibes de La Cámpora donde canta “vamos a volver” con algún insulto en el medio que, muchos medios, decidimos no pasarlo por pudor. Está tan descontrolado que no puede coordinar sus movimientos ni sus palabras. Es una imagen patética y triste.
Es raro porque hace un tiempo, supo jugar en la quinta de Macri y en su equipo contra una formación integrada por Marcelo Tinelli y sus muchachos. Eran tiempos de buenas relaciones entre los tres. Hoy Diego habla pestes de Macri y también de Tinelli. Hay fotos de Maradona abrazado a Macri en el centenario de Boca Juniors cuando lo distinguieron con una medalla.
Pero últimamente, junto a Hebe Bonafini, el diez se convirtió en el crítico más despiadado del jefe de estado: Le dijo de todo, Que no sabe leer. Que el con segundo grado del comercial lee mejor que el ingeniero. Que es el peor presidente de la historia y que por su culpa el país está de rodillas y, finalmente, dijo que Macri “me haga lo que me haga, voy a ser cristinista hasta los huevos: ya nos vienen robando desde Franco Macri”.
Eso está por verse. Dio tantas vueltas Maradona que nunca se sabe. Hizo tantas gambetas que nunca es la última. De hecho calificó de traidor al intendente de Ezeiza, Alejandro Granados cuando el y su familia lo protegieron en sus momentos de crisis y hasta le dieron casi la dirección técnica de Tristán Súarez, el equipo de los Granados.
Con Guillermo Moreno son tal para cual. Agresivos, puteadores, groseros. Hay un video en donde juntos cantan la marcha peronista en el Vaticano con una bandera que dice: “Clarin, la tenes adentro”. El Papa Francisco lo recibió varias veces y el lo llama “Francisquito”.
Todos estos Maradona fueron y serán Maradona. Llegó a decir que Menem era inocente en el contrabando de armas y ahora mira para otro lado. Utilizó una remera que decía: “Aguante Mingo”, en defensa de Cavallo. Maradona amaga por izquierda y sale por derecha. Con la pelota en los pies era imparable. Pero afuera de la cancha, a esta altura, merece la tarjeta roja. ¿No le parece?

El suicidio político de Cristina – 30 de agosto 2016

Macri se cae solo, es un hijo de puta.
La expresión de deseo y el insulto de Hebe de Bonafini, fue brutal y golpista.
A su lado, la abrazaba Máximo Kirchner, el responsable del máximo fracaso de la movilización del cristinismo. No fue casi nadie a esa marcha de la resistencia. Pocas veces se registró tanto sectarismo y agresividad. Y Hebe de Bonafini cada vez se comporta más como la vocera de Cristina. De hecho ni la ex presidenta ni nadie de su estado mayor desmintió o corrigió a Hebe o pidió disculpas. Ni ahora cuando dijo que Macri se cae solo ni cuando lo comparó con Hitler.
Están lanzados los muchachos. Están desesperados porque la que se cae es Cristina. Por donde se la mira la exitosa abogada sigue cayendo en su imagen y en su poder político. Pese a que hace 10 meses era la mujer más poderosa y temida de la Argentina. Es que cada día tiene más posibilidades de terminar en la cárcel.
El acto fue una suerte de exhibición de debilidad. Quedaron expuestos en su decadencia. No fue un solo gobernador del peronismo. Fueron apenas un par de intendentes y una suerte de restos que quedaron entre el cristinismo más fanático, más dogmático y menos representativo. Ni el Movimiento Evita movilizó. Solo los talibanes de Cristina que nunca fueron peronistas. Los Sabbatella, por ejemplo. Agustín Rossi que no puede ganar ni la interna del Frente para la Victoria en su distrito o los patéticos Ignacio Copani y Gerardo Romano. Son gente que a esta altura está tan jugada que no tiene remedio. Nunca es triste la verdad.
Por eso varios dirigentes del justicialismo marcaron las diferencias y se despegaron del papelón del sábado.
Para Cristina y sus incondicionales fue casi un suicidio político. Rodear a su hijo y a su tropa de Fernando Esteche y Luis D’Elía, lo dice todo. Está en el horno. Está aislada, cada vez más radicalizada y acompañada de piantavotos que se cuelgan de su pollera. No fue capaz ni de repudiar el ataque al presidente Macri a piedrazos.
Cristina no sabe, no puede o no quiere comprender que su dogmatismo extremo solo le sirve para generar caos y amenazas para tratar de no ir presa. Quiso compararse con Dilma Rouseff y la pifió. En Brasil hubo un proceso de destitución por juicio político muy parecido a un golpe de estado. En Argentina, Cristina fue desplazada por el voto popular que le produjo una derrota en las urnas. Gran parte de los errores fueron cometidos por la tozudez altanera de Cristina que como mariscal de la derrota impuso a Aníbal Fernández y Martín Sabbatella que no pudieron ganar ni en sus distritos. A tanto llega el desprestigio de estos obsecuentes de Cristina.
Todas las decisiones que Cristina toma van en contra de la lógica y el sentido común. Hasta Horacio Verbitsky le criticó la designación de su representante legal, Gregorio Dalbón. Textualmente en su columna dominguera escribió: “Si la ex presidenta tuviera un abogado idóneo que la representara, se ahorraría el porrazo judicial”. Está en un mal momento quien fuera jefe de inteligencia informal del anterior gobierno. Hasta Guillermo Moreno, el único peronista que fue a la marcha, pero que es un derechoso patotero y macartista, dijo que Verbitsky es el ala izquierda de Magnetto. ¿Escuchó bien? Hay que estar fuera de la realidad para decir semejante locura. ¿No le parece?
Que Moreno tenga tanta aparición pública es parte de la decadencia de Cristina. Ella fue la que lo echó del gobierno en su momento y la que no le permitió hablar.
Todo esto demuestra la impericia política de Cristina. Es increíble cómo logró en tan poco tiempo llevar a su espacio a ser cada vez más chico y cada vez más agresivo.
Pero su drama principal es que robó como nunca antes se había robado desde el estado y fue descubierta. Y hay varias causas y cientos de pruebas. Todos los días se demuestra como el forúnculo de la corrupción sigue supurando pus.
Las últimas imágenes de la mega corrupción son tragicómicas. La familia Relats que le tira las llaves del hotel “Los Sauces” y dice que no lo va a gerenciar más. Fortunas en dólares pagaron los Relats a los Kirchner por alquilar un hotel que no producía ganancias. Y casualmente los Relats fueron adjudicatarios de varias obras públicas. Dos más dos es cuatro. Que un contratista del estado sea inquilino de la jefa del Estado es un delito de manual. Lo mismo con el tema de Aerolíneas. La línea aérea del estado contratada por la jefa del estado. Eso solo es delito. Pero si hubo sobreprecios y habitaciones que se facturaron y no se usaron, mucho más todavía. Y encima ahora, hay una parte de las facturas y recibos que se perdieron mágicamente. Teléfono para Mariano Recalde: tiene que explicar ante la justicia que es lo que pasó.
Angelica Abbona, íntima de Cristina y los Zannini gana más de 200 mil pesos de jubilación y está refugiada en el aguantadero de Santa Cruz. Ella ocultó y destruyó información muy importante de los CristiLeaks. Lo hizo para proteger el sistema de corrupción que instalaron sus amigos y patrones. Además su esposo, Kid Cachetada Mengarelli, agredió a nuestro colega Ignacio Otero.
Ibar Perez Corradi confesó que el dueño del negocio de la efedrina era Ricardo Echegaray y que le pagaba 750 mil dólares mensuales de protección a Aníbal Fernández. Se trata de la misma mafia de los medicamentos y las droguerías que aportó a la campaña de Cristina y que fueron responsables del triple asesinato de General Rodríguez.
Como si esto fuera poco, se descubrieron 100 nuevas propiedades de Lázaro. Además de las 147 que ya tenía. Es un record mundial. Uno de los mayores terratenientes y uno de los que más inmuebles tiene en la Argentina de todos los tiempos. Y en muchos terrenos y construcciones aparece como socio, empleado, testaferro o cómplice de los Kirchner. Hoy hasta la Gendarmería reclama algunas estancias de Lázaro para instalar algún cuartel que cuide nuestra seguridad. Incluso es bizarro que hayan entrado ladrones con picos y pala para desenterrar dinero que presuntamente está oculto en ese territorio. ¿Es una expropiación de tierras de anarquistas que quieren hacer la reforma agraria o un robo a un ladrón que tiene 100 años de perdón? Hasta el abogado de Leandro Báez dice que Cristina tiene que ir presa. Por eso no le tiembla la mano a la hora de jugar con el fuego de lúmpenes y fanáticos. O de servicios de inteligencia en retiro efectivo. Está dispuesta a todo. A patear el tablero si fuera necesario. Es la caída de Cristina. Su suicidio político. Ojalá no se detone y nos lleve puestos. En el avión de la Argentina vamos todos.

Narcokirchnersimo recargado – 29 de agosto 2016

Todos los delitos que se cometieron durante el gobierno de Cristina son absolutamente repudiables y hablan de niveles de inmoralidad nunca vistos y de la bulimia por el poder y el dinero. Pero hay algunos casos de corrupción que son más graves por su impacto social y porque castigan a los sectores más débiles y necesitados de la sociedad.
Hablo por un lado del robo a los fondos destinados a las viviendas populares, a los hospitales, escuelas y cloacas, entre otras obras de infraestructura. Pero por el otro, están los delitos que tienen que ver con el narcokirchnerismo. Porque la droga es el peor veneno que los Kirchner dejaron circular por la venas abiertas de la Argentina.
Y esto es lo que más indigna. Por la carga de muerte que eso implica. Porque muchos pibes se hunden en una suerte de genocidio silencioso que les liquida el cerebro con el Paco y porque muchos de los asesinatos que hubo en este tiempo están atravesados por el tráfico de estupefacientes.
El triple crimen de General Rodríguez es el caso más famoso, pero no es el único.
Es el que muestra con mayor claridad el entramado repugnante entre los funcionarios del gobierno anterior y los integrantes de los cárteles de la droga. Anoche, un personaje nefasto como Ibar Esteban Pérez Corradi hizo acusaciones que hacen correr frío por la espalda. Dijo que la estafa de la efedrina era un negocio de Ricardo Echegaray como parte de otros contrabandos y que Aníbal Fernández fue parte de ese mecanismo delictivo. El narco detenido confesó que le pagaba 750 mil dólares por mes a la gente de Aníbal. ¿Escuchó bien la dimensión del daño que le hicieron a nuestro país estos mafiosos? ¿Cuánto tiene que robar Pérez Corradi para pagar 750 mil dólares mensuales de protección? Para cuidarlo le dieron, entre otras cosas, tres documentos en blanco. Estas declaraciones de quien está acusado de ser el autor intelectual del triple asesinato de Forza, Ferrón y Bina van en línea con lo que reveló Martin Lanatta, preso por ser el autor material de esos crímenes. Lanatta dijo hace una semana que el “recaudaba dinero para Aníbal Fernández uno de los tipos más ricos de la provincia que, a su vez, recaudaba para Cristina”. Terrible, demoledor. Y como si esto fuera poco, Lanatta, el malo, con doble “te” dijo que a ellos les abrieron la puerta de la cárcel para matarlos y que no pudieran declarar contra Aníbal y para tirarle tres muertos a Vidal y Macri y voltear sus gobiernos. Empezaron temprano los muchachos golpistas que quieren volver. ¿Se dá cuenta porque digo que todos los casos de corrupción son absolutamente despreciables pero los que tienen que ver con la droga son además los que más muerte siembran?
Pérez Corradi anoche en La Cornisa le dijo a Luis Majul que la plata para la campaña de Cristina del 2007, venía en parte de Venezuela. Hay que recordar que los integrantes de la mafia de las droguerías y los medicamentos aportaron dinero a cara descubierta. A tanto llegó la impunidad y la soberbia. Pero los tesoreros formales, los que juntaban ese dinero pero robaban para la corona ahora están en el banquillo de los acusados.
Es tan grave e inquietante todo que Pérez Corradi se autoincriminó porque confesó trabajar para Mohamed Khalife en la Triple Frontera quien parte de sus ganancias millonarias las aportaba a la organización terrorista Hezbollah. Los narcos tienen varias características. Una de ellas es que siempre se vinculan con organizaciones delictivas de todo tipo. Terroristas como las FARC fueron el ejemplo de la mezcla de ideología con falopa. Del cruce bizarro entre el Che y el Chapo Guzmán. Entre la patria liberada y las zonas liberadas. Entre las células de combatientes y los cárteles de sicarios.
En increíble pero mientras muchos argentinos estaban entretenidos con el consumismo fácil, se fue construyendo una verdadera narcocracia K.
Los narcos consolidaron su instalación en la Argentina en estos últimos doce años. No lograron el objetivo final de armar un gobierno paralelo pero estuvieron a punto de empujarnos al abismo de lo que fue Colombia o México.
Dice bien Macri cuando responsabiliza a los Kirchner de este drama. Ya sea por inacción, incapacidad o complicidad, desde Néstor para acá hubo una docena de años en los que se abrieron las puertas y ventanas a los delitos más crueles del crimen organizado para el tráfico de drogas. Por eso es tan grave todo lo que está pasando.
Por eso hay que dinamitar las complicidades de la política, la justicia y todas las fuerzas de seguridad. Invertir en tecnología de última generación, capacitar con los mejores a nuestros uniformados y meter presos a todos que facilitaron y siguen facilitando la infiltración de los carteles mejicanos y colombianos en nuestro bendito país.
Solo en el año 2007, los pistoleros entraron de contrabando la friolera de 20 mil kilos de efedrina.
Le doy algunas cifras para que se entienda la magnitud de la corrupción. En México la efedrina está prohibida porque se utiliza para fabricar drogas sintéticas como el éxtasis. Por lo tanto vale fortunas. Argentina, en promedio, importaba 1.200 kilos por año para uso medicinal. De pronto, pasaron a 20 mil kilos. Compraban un kilo a 100 dólares y lo vendían a 10.000 dólares. ¿Se da cuenta? Lo importaban y enseguida lo exportaban a México de contrabando y ganaban cataratas de dólares. Dicen que el negocio movió más de 500 millones de dólares.
¿Néstor no se enteró de nada raro? ¿Nada le llamó la atención? ¿Cristina no sospechó de los aportes que recibió para su campaña electoral? Ya le dije varias veces que uno de los asesinados, Damián Ferrón aportó 400 mil pesos a la campaña de Cristina. Es un dinero. 400 mil pesos de hace 9 años.
¿Quiénes fueron entonces nuestros patrones del mal? Hasta el Papa Francisco se dio cuenta y lo dijo con todas las letras. Por eso lo puso a Aníbal en la mira. Parece mentira, pero es cierto. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no dijo ni dice una sola palabra sobre el problema más grave que tenemos: el narcotráfico.
Nadie desconoce que el desembarco narco en Argentina necesita la complicidad del poder ejecutivo, legislativo y judicial y también de las fuerzas de seguridad. Ya le dije que los narcos prostituyen todas las instituciones de la democracia. Sus coimas son misiles de un millón de dólares. Necesitan corromper a todos y a todas, para que nadie pueda tirar la primera piedra. Es narcokirchnerismo recargado.